Erase una vez, un mendigo que le gustaba pedir dinero por todas las casas, pero no las de su barrio, porque en nuestro barrio lo conocíamos como el Señor Pérez.
El muy temprano venía a nuestra tienda a comprar su pan y todos los del barrio lo respetaban pues era el señor Pérez, se cambiaba con su terno gris y su corbatita corta.
El salía muy temprano a trabajar, regresaba por las noches.
El señor Pérez no iba a la oficina como nos hacía creer, el llevaba en su carro su traje de mendigo que por el camino se cambiaba, se pintaba y era tal su transformación que a veces no se podía reconocer.
El caminaba por todas las casas, mercados de otros barrios a pedir limosna y parece que le iba bien porque se compraba la mejor ropa, su casa estaba llena de lujos y tenía su carro.
Hay el señor Pérez no pensó que podían descubrirlo, una vez llega una tía a mi casa por la noche y en ese momento el señor Pérez llegó a comprar bien vestido y en su carro. En ese instante mi tía se quedó callada.
Pero cuando el señor Pérez se fue le dijo a mamá, Este señor yo lo conozco, lo he visto en alguna parte.
Mi tía se quedó pensando y dijo: ¡Ese se parece al mendigo que pasa por mi casa a pedir limosna!, mi mamá responde ¡No!, el señor trabaja todo el día en una oficina.
Ah bueno dijo mi tía, si quieres comprobarlo te invito a mi casa el lunes, por que los lunes pide limosna por mi casa.
Mamá que no le gustaba el chisme, el lunes nos dejo a cargo de la tienda y se fue donde mi tía.
Entonces mi tía y mi mamá se ponen a conversar en la sala, de pronto llega el mendigo que al ver a mamá se sorprende, agacha su cabeza y se retira.
Vez que te dije. Dijo mi tía, es el mismo, mi mamá solo le quedó reconocer que era cierto.
Desde ese día el Señor Pérez ya no llegó a la tienda, al poco tiempo vendió su casa y se fue con su familia, no se sabe dónde, pero en algún lugar estará el Señor Pérez.
Alma Rebelde
Hace 13 años.
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